Patio de Matalobos, El Paular

Desde tiempos inmemoriales, los monjes cartujos de El Paular, poseedores de una importantísima cabaña de ovejas merinas, orquestaban las batidas en las que empujaban por medio de las vocerías a los lobos desde los altos del puerto del Reventón, hasta una calleja de piedra que finalizaba en el patio de atrás del monasterio, aun llamado hoy en día como de Matalobos, donde le daban muerte a garrotazo limpio.
No faltan en el Valle los topónimos refiriéndose al lobo, como el collado de la Peña de los Lobos en pleno cordal de la cuerda larga, entre Asómate de Hoyos y los Bailanderos, al cual se refiere el gran poeta del Guadarrama Enrique de Mesa en su poesía de la loba parda.
A día de hoy, ya no son necesarios los exhaustivos controles poblacionales del lobo ibérico en el Valle del Lozoya, campando a sus anchas dentro de los limites del Parque Nacional de Guadarrama, y estando terminantemente prohibida su caza.
Son pocos los ejemplares que habitan el Valle, apenas dos o tres manadas y algún individuo itinerante, encontrándose dichos especímenes en lo mas alto de la cadena trófica y regulando los censos de jabalíes y ungulados como el corzo.
Rogamos que las ayudas a la ganadería sean a la mayor celeridad posible, y se indemnice correctamente a los ganaderos que hallan sufrido un ataque, dándole así la posibilidad al cannus lupus de convivir armoniosamente en nuestras montañas, pudiendo gozar de la especie en el inventario de animales, dentro del privilegiado entorno del Valle del Lozoya.

Texto: F.I.O. Foto: google commons