Leyendas, el «Carro del Diablo»

En el Valle del Lozoya existen multitud de historias y leyendas muy arraigadas en la cultura popular como se puede observar en la toponimia, por ejemplo, el afloramiento rocoso conocido como “carro del diablo”, sito en la subida al puerto del Reventón, pasado el magnífico robledal de los Horcajuelos.

“No se sabe si fue por excesivo trabajo o porque aquel encargo le desbordase, pero Juan Guas (arquitecto, maestro de cantería y escultor español de origen bretón). no podía cumplir su compromiso de terminar la catedral de Segovia. Como se demoraba, le llegaron noticias del disgusto que tenía el emperador Carlos V. Afligido, al arquitecto se le ocurrió… venderle su alma al diablo con tal de cumplir su promesa.

El diablo no despreció la ofrenda y se puso a la faena. De forma sobrenatural, como no podía ser de otra manera, en ese mismo instante, el templo comenzó a crecer vertiginosamente. Y aun siendo el mismísimo diablo, hubo de recurrir a los terrenales cantos y canteras de Colmenar Viejo, conocidas por la cantidad y calidad de su piedra.
Uno tras otro, carro tras carro, cargados hasta arriba surcaban la sierra por el paso del puerto Reventón, el camino más transitado por aquel entonces, para finalizar las obras. La gran catedral tomó anchuras y sólo quedaba para su conclusión la segunda de las torres, cuando al sentirse a salvo del emperador, Guas quebranto su otro compromiso para salvarse de Lucifer.

Desconocemos por qué el diablo no le exigiera al arquitecto el cumplimiento de su acuerdo, lo que si nos asegura la leyenda es que cogió un enfado monumental por él cual también deshizo dicho trato, petrificando en roca el último de los carros que llevaba el granito a Segovia. Por este hecho, una de las torres de la catedral segoviana mide menos que la otra”.