Los nogales eran unos frutales muy abundantes en toda la Sierra Norte. Los encontramos todavía en muchos pueblos como testigos mudos del paso del tiempo, ya que han sido cultivados desde antiguo tal y como nos lo muestran documentos históricos del Catastro de Ensenada.
Tradicionalmente los plantaban sobre todo en linares y bordes de prados a las afueras de los pueblos, debido a que por la sombra que proyectaban los hacía menos adecuados para poner en los márgenes de las huertas. De ahí seguramente venga el refrán “la sombra del nogal trae mucho mal”.
El aprovechamiento habitual era la producción de nueces para el autoconsumo de la familia, aunque a veces también se vendían los excedentes.
El abandono del campo y los cultivos hicieron que el agua ya casi no circulase por las regueras y, con ello, murieran los nogales que estaban plantados cerca de ellas por falta de agua. Otros fueron talados por su madera, muy apreciada en el mercado. Todavía existen muchos nogales en la Sierra Norte con un buen porte debido a que han podido adaptarse al frío y a los suelos pobres, como es el caso del nogal de Lozoya, el nogal de la Acebeda, el del Pradillo en Puebla de la Sierra o los que hay en Horcajo de la Sierra.
Para llegar a este ejemplar de Lozoya del Valle se puede ir andando desde el pueblo por la carretera M-637 hacia al Puerto de Navafría, y al llegar a la primera curva a mano derecha, ya se distingue el nogal desde lejos, en el jardín de una casa que hay en la margen izquierda. Está enfrente de los antiguos lavaderos públicos, hoy casa de la Cultura. Alrededor hay otros ejemplares de nogal bastante destacables.
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