Desde la población de Pinilla del Valle los estudiosos de las cavidades subterráneas (grutas y cavernas) tendrían aquí un incentivo para demostrar sus conocimientos, aunque actualmente la entrada a la «Cueva de los Murciélagos o Cueva de Cavo el Río» se encuentra en una zona anegada de cantos y no está autorizado su acceso.
Según una publicación de los años 60 del pasado siglo, nos relatan así:
La entrada se abre a una altitud de 1105 metros sobre el nivel del mar. Empieza por sima cubierto de arbustos con derrumbadero de guijarros. El resto de paredes se ven casi verticales. Estamos en un vestíbulo de alta bóveda de 12 metros de diámetro.
Dos posibles caminos, con sendas entradas, podremos tomar ahora. El de la derecha estrecho. Su entrada se localiza a poca altura del suelo y conduce a una galería de más de cincuenta metros de larga. En varios tramos es de difícil acceso, sólo reptando podemos continuar la marcha. Se abandonó el caminar a más de 500 metros de la boca -continuar se hizo imposible –
La visita principal la merece la entrada izquierda, de amplia abertura. Habrá que andar un talud de seis metros de desnivel que termina en una entrada rasera. Llegamos a una monumental sala de unos cuarenta metros, de gran altura y verticalidad en sus paredes. Estalactitas de gran tamaño y estalagmitas menores son excelente ornamentación. La cueva se acicala con la curiosísima presencia de murciélagos que penden del techo.
En esa misma dirección existen ramificaciones del camino que se encuentran obstruidas por derrumbaderos y que, a pesar de su mínimo diámetro, la verdad o fantasía popular han alargado hasta Miraflores de la Sierra.
La humedad es intensa y el silencio sepulcral sólo es perturbado por el ruido de la gota de agua calcárea que, siglo tras siglo, decorara el interior terrestre.

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