Oficios olvidados ➡ Calero

Hoy vamos ha hablar del oficio del  calero. Oficios como este podían verse en nuestra sierra, sobre todo en los años lluviosos en los que este oficio era casi el único sustento de muchas familias. Eran de otra época que ya se fue, pero que aún hoy, muchos recuerdan.

Se trata de un oficio que se transmitía de forma generacional, no sólo se ocupaba de la elaboración de sal, si no que comprendía la obtención y el acarreo de las materias primas y posteriormente su distribución. Se trataba de una industria artesanal integrada completamente en el entorno, utilizando recursos naturales propios del lugar. La calera u horno de cal, consistían en un pozo de unos cuatro metros de profundidad por tres de diámetro, con paredes recubiertas de arcilla para evitar la pérdida de temperatura.

La calidad de las cales varía según la roca de extracción, pues las calizas más puras daban las cales más grasas y con las más arcillosas obtenías cales magras.

Los hornos se situaban en zonas donde las dos materias primas necesarias que son la piedra caliza y combustible, eran abundantes. El funcionamiento de estos hornos  tenía un proceso minucioso y delicado. El transporte de la piedra se efectuaba mediante un carro tirado por bueyes, la extracción se realizaba con cuñas y más tardíamente con ayuda de la pólvora. Volcaban carros cerca de los hornos y con losetas pequeñas iban levantando el chozo que quedaba cerrado por el cuño. Tras la construcción de la bóveda, se producía el relleno del resto del horno, esta operación podía durar un par de días dependiendo el número de obreros que hubiera. Para la cocción se utilizaba cualquier tipo de leña, normalmente la de los montes más cercanos al municipio, prolongándose esta operación durante tres días con sus noches. Los obreros se turnaban cada seis horas para vigilar el proceso y alimentar de combustible el horno. Estos operarios debían comprobar como iba la cocción y transcurrido este tiempo, se dejaba enfriar el horno durante unos días, utilizando agua en las brasas para ello. Quitando la parte superior del horno, la cual se tiraba, se producía la descarga de piedra cocida. Si la piedra no estaba suficientemente calcinada se tiraba ya que no valía para recocer y luego se molía el material. Este proceso duraba en total diez días.

Estos hornos tradicionales dejaron de funcionar entre los años sesenta y principios de los setenta, debido a la modernización de los procesos productivos. En nuestros días, los hornos de cal están abandonados o simplemente desaparecidos. Solamente quedan ruinas o su recuerdo en los sitios donde se asentaban. Los pocos que aún nos acompañan están en estado de abandono y en consecuencia son difícilmente recuperables. Sólo en algunos casos, los hornos han sido recuperados y mantenidos en buen estado, gracias a la labor de asociaciones y grupos de personas que pretenden dar a conocer y conservar estas construcciones que formaron parte de nuestras vidas .